

Real Basílica-Colegiata del Santo Sepulcro de Calatayud

Peregrinación interior
1ª estación: Virgen de Guadalupe
Esperanza en la transmisión de la vida
La Virgen de Guadalupe nos muestra una joven embarazada, “encinta” (por eso lleva en su seno el cordón ocre). La Virgen nos abre a contemplar su maternidad universal para confiar en ella al escuchar lo que le dijo a San Juan Diego en su aparición: “No temas mal alguno. ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?”
Contemplar a María en estado de “buena esperanza” nos anima a rezar por las mujeres embarazadas, para que descubran el don de una nueva vida en su interior, y por las que no pueden ser madres por distintas razones, para que descubran que su maternidad también puede ser espiritual llevando a nuevos hijos a encontrarse con Dios, su Padre.
También rezamos por los matrimonios, para que se abran a la vida y reciban con gozo, desde una paternidad responsable, y poniendo a Dios en el centro de su matrimonio, el fruto de su amor expresado en sus hijos. Rezamos también para que aquellas mujeres que no deseen continuar con su embarazo recapaciten y descubran, sin miedo, que su hijo es un verdadero don de Dios.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo,
bendita Tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el Fruto de tu vientre: Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.