Las insignias basilicales

Las basílicas pontificias tienen el privilegio de ostentar dos signos que le son propios: la umbela (o conopeo) y el tintinábulo.

 

Ambas insignias manifiestan la estrecha vinculación de las basílicas con la Santa Sede y, en concreto, con el Papa.

Estas insignias, por tanto, más que un signo de "poder" son un signo de catolicidad.

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La Umbela es una especie de palio semiabierto que recuerda que, cuando el Papa asistía a alguna basílica, se le salía a recibir con ella, pero sólo se abría totalmente al cobijar al Vicario de Cristo, y así se le acompañaba hasta dentro del edificio.

Nuestra umbela porta las cruces propias de la basílica del Santo Sepulcro: el escudo basilical, la cruz patriarcal (o de doble travesaño) de la rama canonical, y la cruz quíntuple de la rama ecuestre de la Orden del Santo Sepulcro.

El tintinábulo es una campanita sobre un mástil, que se utiliza en las procesiones para anunciar que se va acercando.

El tintinábulo de nuestra basílica, de estilo neobarroco, está coronado por el propio escudo basilical, adornado con su lema: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección".

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Ambas insignias fueron regaladas a la basílica por las dos lugartenencias españolas de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, y se entronizaron solemnemente el 12 de junio de 2021, cuando el templo del Santo Sepulcro de Calatayud fue proclamado como basílica.