1.- El testamento de Alfonso el Batallador

La Basílica del Santo Sepulcro de Calatayud tiene sus orígenes en el testamento de Alfonso el Batallador. El 24 de junio de 1120, tras la victoria de la batalla de Cutanda, varios enclaves, entre ellos Calatayud, se incorporan a la Corona de Aragón, dejando de ser territorios islámicos.

En octubre de 1131 el monarca firma su testamento, en el cual dice: “dejo por mi sucesor y heredero al Sepulcro del Señor, que está en Jerusalén, y a los que están en su custodia y guardia y allí mismo sirven a Dios, y al hospital de los pobres, que también está en Jerusalén, y al Templo del Señor, con sus caballeros que habitan allí, y velan para defender el nombre de la Cristiandad. A estos tres concedo y dejo todo mi Reino”.

2.- Cumplimiento del testamento. La reina Petronila y el conde Ramón Berenguer IV.

Este testamento era excesivamente idealista e imposible de cumplir, por lo que se nombra heredero del Reino al hermano de Alfonso I, Ramiro, el Monje. Éste tendrá una hija, Petronila, que con tan solo 2 años de edad será casada con el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, que actuará a modo de regente de su esposa, sin ostentar el título de rey.

En 1140 el canónigo regular del Santo Sepulcro de Jerusalén Frey Giraldo, en nombre de la Orden, renunciará a los derechos de ésta a cambio de distintos territorios o encomiendas por el incumplimiento del testamento. Así, en enero de 1146 Ramón Berenguer IV concede distintos terrenos a la Orden, sobresaliendo entre ellos Calatayud. El documento original de enero de 1146 se custodia en la propia basílica.

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Documento original de Ramón Berenguer IV

3.- La llegada de la Orden a Calatayud. Primeras construcciones (Siglos XII-XVI)

 

La primera Colegiata se erigió sobre unos solares junto a la muralla de Calatayud y fue construida y dedicada en 1156, ampliada más tarde, y consagrada solemnemente el 11 de noviembre de 1249. Debido a la vida de los canónigos según la regla de San Agustín, su construcción era a modo de monasterio, contando con la Iglesia, claustro, y dependencias de los canónigos.

Ya en el siglo XIV se decidió construir una nueva iglesia en estilo mudéjar derribando la anterior románica, de la cual solo quedan escasos restos arqueológicos. En este momento también se construye la iglesia de Santa María de Tobed, perteneciente al priorato de Calatayud.

De este segundo templo sólo se pueden apreciar las ruinas de lo que fue el arranque del ábside y algunos restos de decoración de lo que fue la segunda sala capitular.

La Corona aragonesa siempre protegió a la Orden hasta tal punto que, cuando en 1489 el Papa Inocencio VIII la anexionó a la de Malta, Fernando el Católico logró que León X permitiera que el priorato de Calatayud se mantuviera como Orden del Santo Sepulcro.

Debido a esa protección, y al ser el único templo que la Orden del Santo Sepulcro poseía, en el siglo XV, se decide acometer la construcción de un nuevo claustro, que servirá como modelo de los claustros mudéjares y que podemos contemplar de forma íntegra en el Monasterio de la Resurrección de las Canonesas del Santo Sepulcro de Zaragoza.

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Restos del claustro mudéjar.

En el siglo XVI se añade la logia superior en el ala norte del claustro, provocando una desestabilización del propio edificio, que se vio parcialmente destruido varios siglos después. Hoy en día se puede visitar la crujía norte, y parte de la este y oeste. Desgraciadamente la zona sur se arruinó totalmente. Hoy en día los restos del claustro están consolidados y existe un proyecto de musealización que, si Dios quiere, en relativamente poco tiempo podrá ver la luz.

4.- La Colegiata a partir del siglo XVII

Siguiendo con el desarrollo arquitectónico, en el siglo XVII se llevó a cabo la última gran obra de la Colegiata. El prior D. Juan de Palafox decidió levantar un nuevo templo mucho más monumental que los que hasta entonces habían poseído. La obra de inició en 1605 y se concluyó en 1613. El arquitecto Gaspar de Villaverde, con clarísima influencia de Juan de Herrera, lleva a cabo la obra de la actual basílica. Se trata de un edificio imponente con una fachada monumental, aunque muy sobria, con decoración geométrica y dos torres gemelas unidas a la parte central por medio de aletones, siguiendo el modelo del Gesú de Roma. Cada una de sus tres naves posee su propia puerta de acceso.

Ya en el interior se puede apreciar su planta de cruz latina con naves laterales, ábside semicircular y una enorme cúpula con linterna para resolver el crucero. Además, se construyen dos capillas anejas en los extremos del mismo que, originalmente servían como Sala Capitular (la del lado de la epístola) y como sacristía (la del lado del evangelio).

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Fachada principal de la Basílica

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La ornamentación de la iglesia se hizo a base de ocho retablos laterales con la representación de las distintas escenas de la pasión y muerte del Señor, dando inicio con el Domingo de Ramos. Cada uno de estos retablos desarrolla una detallada catequesis -casi exégesis- entre el Antiguo y Nuevo Testamento.

Nave lateral de la Basílica

Los más antiguos se atribuyen a Francisco del Condado y a Juan de Velasco, y su pintura y dorado a Francisco Florén. Éstos fueron costeados por el propio prior D. Juan de Palafox inmediatamente después de terminar la edificación del templo. Se trata de las escenas que representan en su parte central la Oración en el Huerto, la Coronación de Espinas y la Piedad (en el lado del evangelio) y la Flagelación, la Caída del Señor y el Descendimiento (lado de la epístola). Los más modernos, realizados en 1666, y costeados por el canónigo D. Francisco Yago, son obra de José de Campos, Bernabé de Jáuregui, y los doradores Miguel Colás y Juan Florén. Son los que representan la entrada de Jesús en Jerusalén (lado del Evangelio) y el Juicio ante Caifás (lado de la epístola).

Mención aparte merece el conjunto del coro, que está albergado en el ábside. Se trata de una obra semicircular con dos órdenes o gradas, realizada Pedro Virto y Bernardino Vililla en 1640.

Cabe destacar el sitial del prior, con una escultura de bajo relieve representando a San Agustín, regla que seguían los canónigos regulares del Santo Sepulcro.

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Coro de la Basílica

5.- Las reformas del siglo XVIII

 

Ya en el siglo XVIII se decide “abarrocar” la iglesia. Es en este momento cuando se incorporan las rejas que adornan las capillas laterales; se coloca la magnífica cancela de la puerta (1789) y se construye el imponente baldaquino que alberga el grupo escultórico del Santo Sepulcro (1772), junto con la reforma del presbiterio, incorporando dos órganos y decorando los muros a base de mármoles, resultando un estilo con influencia del barroco italiano, siguiendo el modelo de las basílicas romanas. El baldaquino con un estilo muy teatral en sus formas, parece que pudo ser un proyecto de Martín de Aldehuela, aunque ejecutado por el bilbilitano Félix Malo.

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Proyecto original del baldaquino

6.- El oscuro siglo XIX

El siglo XIX fue nefasto para nuestra basílica. Con la invasión francesa de 1808 se saqueó totalmente, perdiendo gran parte del patrimonio que se había atesorado durante siglos. Orfebrería, elementos textiles, archivo… poco fue lo que se pudo salvar. Incluso se desmontaron los dos órganos para fundir sus tubos para elaborar munición.

Pero todavía no había llegado la peor parte: la desamortización de Mendizábal. La entonces Colegiata del Santo Sepulcro dependía exclusivamente de la Santa Sede y del Patriarcado de Jerusalén. Se situaba en la diócesis de Tarazona, pero no debía obediencia a ese obispo, sino al directamente al Papa. A consecuencia de la desamortización, en 1854 se expulsa al último prior, D. Manuel Rodrigo de Villabriga, y se le envía como canónigo a la catedral de Málaga. La Colegiata queda suprimida y reducida a parroquia mayor, dependiente del obispo de Tarazona desde ese momento.

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Último prior regular:

D. Mariano Rodrigo Villabriga

7.- Renacer de la Colegiata en el siglo XX

En 1900, el entonces párroco, D. Mariano García, a través del obispo turiasonense, D. Juan Soldevila y Palacio, solicita a la Santa Sede que se devuelva el título de Colegiata a la parroquia del Santo Sepulcro de Calatayud. Esta petición es aceptada, y el día 18 de septiembre de 1901 el papa León XIII, a través del Breve Sancta Templa Dei eleva nuevamente el templo del Santo Sepulcro a la dignidad de Colegiata ad honorem, siendo desde este momento sus capitulares sacerdotes seculares y no regulares. En este documento, además, el Papa vincula la figura del párroco a la del prior, siendo el párroco desde ese momento prior del Cabildo.

La lista de priores de la entonces Colegiata hasta hoy es:

1901-1911: Ilmo. Sr. D. Mariano García Franco

1911-1916: Ilmo. Sr. D. Ramón Pérez Pérez

1916-1946: Ilmo. Sr. D. Antonio Pellicer

1946-1952: Ilmo. Sr. D. Tomás Navarro

1952-1969: Ilmo. Sr. D. Pedro Ruiz Martínez

1969-1997: Ilmo. y Rvdmo. Sr. D. Jacinto Alcoitia Sánchez

1997-2018: Ilmo. y Rvdmo. Sr. D. Miguel González Soriano

2018: Ilmo y Rvdmo. Sr. D. Javier-Vicente Sanz Lozano

Durante el siglo XX se fue recuperando el esplendor en la colegiata, especialmente en el culto. En 1903 se construye el actual órgano en el mueble del órgano anterior, y se recupera el culto capitular.

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Prior D. Pedro Ruiz Martínez

Tras el concilio Vaticano II se llevan a cabo algunas reformas en los espacios celebrativos por parte del prior D. Jacinto Alcoitia (1969-1997). En 1984 se cambian los límites parroquiales de Calatayud, ampliando su demarcación la Colegiata y convirtiéndose hoy en día en la segunda parroquia con mayor población de la diócesis. También en estos años se inicia la restauración del templo, acometiendo importantes obras en los tejados, aunque el claustro no corrió tanta suerte y quedó arruinada su mitad sur. Durante el priorato de D. Jacinto Alcoitia se retoma la relación de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro con su Casa Madre, invistiendo caballero a este prior en la misma colegiata en 1992.

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Prior D. Jacinto Alcoitia Sánchez

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Vista de la Basílica y el palacio prioral

En 1999 el prior D. Miguel González (1997-2018) lleva a cabo importantes obras de embellecimiento del templo, con la pintura interior de naves y cúpula, una obra económicamente muy importante, pero también necesaria. Así mismo, se llevó a cabo una rehabilitación de parte del palacio prioral, permitiendo crear cuatro viviendas para los sacerdotes.

Durante este periodo de tiempo se afianza la relación de la Orden con su Casa Madre, estableciendo anualmente un capítulo conjunto de las dos lugartenencias españolas en Calatayud el tercer sábado de pascua. También es ahora cuando se retoma la tradición de que los caballeros de la Orden sean canónigos honorarios de la colegiata. Este prior también es investido caballero eclesiástico en 2008. El cabildo, muy reducido en este momento, recibe con alegría el nombramiento de nuevos canónigos en las personas de los párrocos de las antiguas encomiendas (Nuévalos o Villarroya de la Sierra), así como el resto del clero de la colegiata (vicarios parroquiales y adscritos).

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Prior D. Miguel González Soriano

8.- Siglo XXI: Basílica Pontificia del Santo Sepulcro.

En 2018 el obispo de Tarazona, D. Eusebio Hernández Sola, OAR, establece las cinco parroquias de Calatayud como una Unidad Pastoral, nombrando nuevos párrocos para algunas de ellas: D. Justo Sánchez para la parroquia de San Juan, el Real; D. José Manuel Vargas para la parroquia de San Antonio, y D. Javier Sanz para la colegiata del Santo Sepulcro, permaneciendo D. Jesús-Vicente Bueno como párroco de la parroquia de San Andrés, y abad mitrado de la colegiata de Santa María.

En 2019 tiene lugar, como de costumbre, el capítulo conjunto de la Orden en Calatayud, incorporándose como canonesas honorarias las damas profesas, de la misma manera que ya eran canónigos honorarios los caballeros.

Debido a la importancia que había alcanzado la colegiata en la Orden del Santo Sepulcro, y coincidiendo con el 900 aniversario de la reconquista de Calatayud por Alfonso el Batallador en 2020, se solicita al Sr. Obispo que eleve preces a la Santa Sede para que sea concedido el título de Basílica a la Colegiata por su importancia histórica y artística.

Aceptada esta solicitud, se trabajó arduamente según las normas que remitió la Sagrada Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos del Vaticano, para poder obtener este título. En colaboración con el Deán de la Catedral de Tarazona, D. Ignacio Tomás, se llevaron a cabo una serie de importantes reformas, especialmente en los espacios celebrativos:

 

Se recuperó la pila bautismal neorrománica, que estaba inutilizada, y se ubicó en la capilla conocida como “de la Piedad”.

El presbiterio se dotó de una sede estable de mármol y un ambón fijo del mismo material.

Se estableció una Capilla del Sacramento en la Capilla del Carmen.

Por último, el 23 febrero de 2020 se dedicó solemnemente el templo y el altar, habiendo tomado posesión como canónigo D. Javier Sanz el día anterior, pasando así a ser el nuevo párroco-prior.

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Pila bautismal recuperada

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Dedicación del Altar de la Basílica

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Momento de la proclamación

El 9 de noviembre de 2020 la Santa Sede comunicó al obispo la concesión del título de Basílica a la Colegiata, siendo el primer templo con esta dignidad en la diócesis de Tarazona. Debido a la crisis sanitaria que asolaba al mundo entero en esa fecha, la proclamación solemne se trasladó al 12 de junio de 2021, fecha en la que, siguiendo la costumbre de la Orden, fue investido caballero eclesiástico el prior de la Basílica.

Así pues, la presencia durante casi 900 años de la Orden del Santo Sepulcro ha tenido momentos de esplendor, pero también momentos muy tenebrosos, hasta el punto de casi desaparecer. Hoy día somos herederos de esta historia, pero también transmisores de la misma. Una historia que se va haciendo a base de esfuerzo, trabajo, proyectos e ilusiones que, a veces llegan a buen término, y otras no se pueden realizar.

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Prior D. Javier-Vicente Sanz Lozano

Una historia de la que debemos sentirnos orgullosos, una historia de la cual formamos parte, y a la que debemos aportar lo mejor de nosotros mismos. A lo largo de los siglos estas aportaciones han tenido rechazo y aceptación, incomprensión y apoyo, colaboración y contrariedades.

 

Pero sea como fuere, la historia ha seguido su curso, siempre acompañados por el Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas, que busca los prados mejores para ellas, que es la puerta del redil. Al Señor de la vida nos encomendamos para seguir haciendo historia, una historia de salvación, una historia con el Señor, una historia de resurrección.

DEUS LO VULT.

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Representación de caballeros y damas de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro el día de la proclamación como Basílica